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La definición de una propuesta de desarrollo como primer paso para establecer el papel de la empresa en dichos procesos


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Viernes, agosto 23, 2013 / Publicado, redh consultores / Comentarios: 0

Por: Lina Sofía González

La empresa privada es considerada como uno de los principales agentes del desarrollo, dada no solo su capacidad financiera, sino también de movilización e influencia en los mercados y en los procesos de toma de decisiones en todos los niveles de la sociedad (Banco Interamericano de Desarrollo, 2004). Sin embargo, su capacidad de agencia es directamente proporcional a la intencionalidad de los individuos que componen la organización de realmente jugar un papel en los procesos de desarrollo de un país (Olcese Santonja, Rodríguez-Badal, & Alfaro de la Torre, 2008).

En tal sentido, se argumenta aquí que el primer paso para que una empresa tenga un aporte en los procesos de desarrollo, es la definición de una propuesta de tal desarrollo. Lo que la empresa y los individuos que trabajen en ella entiendan por desarrollo, determinará necesariamente las acciones que se realicen con el fin de aportar a tal proceso. La Responsabilidad Social Empresarial puede ser, entre otras cosas, el medio a través del cual las empresas juegan su papel de agentes catalizadores en el desarrollo (Olcese S., et. al, 2008), si así lo deciden.

De igual forma, se sugiere que, una vez cumplidos los mínimos legales (en países como Colombia esto es todo un reto (González, 2011)), el enfoque de Desarrollo Humano  (Sen, 2000); (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, s.f.), es una de las definiciones más completas, que incluye un amplio espectro de dimensiones en las que la empresa puede intervenir estratégicamente para aportar al mejoramiento de las condiciones de vida de la sociedad en la que opera.

La definición de la propuesta de desarrollo:

Como se mencionó anteriormente, el primer paso que una empresa –o cualquier tipo de organización– debe dar en el camino a asumir un rol en los procesos de desarrollo de un país, es definir qué entiende –o qué quiere entender– por  el término desarrollo; cuál va a ser su apuesta y/o propuesta en ese sentido.

Por supuesto, este paso parte de la suposición de que hay una voluntad por parte de la empresa y los individuos que la componen de efectivamente hacer un aporte al proceso de desarrollo; ir más allá de la sola creación de valor económico para los accionistas. Tal vez si la definición de la propuesta de desarrollo se limita al crecimiento económico, pueda decirse en ese caso que la empresa aporta a este crecimiento, pero, como se verá, el desarrollo es un proceso multidimensional que no se nutre únicamente del valor económico (PNUD, S.F.) y eso debería quedar claro en la definición establecida por una empresa.

Así pues, una vez que la empresa ha decidido asumir un papel para aportar al desarrollo, deberá definir qué elementos va a incluir en su propuesta y hacia cuáles de ellos enfocará sus acciones y esfuerzos.

Dimensiones del desarrollo y Responsabilidad Social, diferentes opciones:

No es el objetivo del presente ensayo abordar todas las definiciones de Desarrollo. Sin embargo, es importante resaltar algunas dimensiones relevantes que a grandes rasgos se encuentran presentes en diferentes corrientes teóricas.

Legalidad

Hay empresas en Colombia que afirman ceñirse a la legalidad como parte de su compromiso con el desarrollo del país. Asuntos como la facturación transparente, el pago de impuestos, políticas laborales adecuadas, entre otros,  podrían no ser parte del debate en otros países desarrollados. Sin embargo, en países como el colombiano cumplir con la totalidad de las leyes se constituye en un reto para la sociedad.

En efecto, son varios los factores que obstaculizan el adecuado cumplimiento de la reglamentación: de una parte, el país se ha caracterizado por una alarmante cantidad de “leyes, decretos, resoluciones y sentencias que existen luego de la promulgación de la Constitución de 1991.” (González, 2011).

En palabras del congresista Miguel Gómez:

En Colombia hay 1.477 leyes desde el 91, lo que significa 152 por año y un promedio de una Ley cada 3 días. Esto es desproporcionado, pues muchas de ellas no se cumplen y las que siguen vigentes desde antes de la Carta es casi el doble. Además de tantas leyes, en 20 años se han expedido 148 decretos por año, es decir uno cada 2 días. Y ni hablar de las resoluciones: la DIAN es la institución que más ha expedido, con más de 1 al día y un promedio de 414 al año. Estamos frente a una verdadera inflación legislativa galopante, que atropella el desarrollo civilizado de los colombianos que no pueden desarrollar sus actividades si no están a tono con la normatividad que a diario se expide por parte del Establecimiento. (Gómez, citado en González, 2011).

La anterior cita ilustra lo que se ha llamado el mal de la inflación legislativa en el país, que hace que el solo hecho de querer cumplir con cada requisito legal implique unos costos elevadísimos de búsqueda de información, actualización e implementación.

Otro factor estrechamente relacionado con el anterior, tiene que ver con los altos niveles de corrupción registrados a lo largo y ancho del país. Sin que sea un justificante, se convierte en la excusa utilizada por los empresarios y contribuyentes en general, para no pagar sus impuestos. El pacto fiscal en Colombia está resquebrajado y la corrupción es una de las causales de esta situación.[1]

Por lo tanto, sí podría considerarse válido que una empresa quiera empezar a aportar al desarrollo del país mediante el pago de impuestos de manera transparente, y, en general, con el cumplimiento de la reglamentación aplicable a sus operaciones. Autores como Archie Carroll (1999), defienden el cumplimiento de la ley como un componente esencial de la responsabilidad social. Incluso los más escépticos entienden la necesidad de que la empresa cumpla las leyes del lugar de operación (Friedman, 1970).

Desarrollo como crecimiento económico

Ha sido muy común que el sector privado –y público también– entienda  el desarrollo como crecimiento económico. De hecho, este parece ser el motivador principal de sus decisiones y formas de medición de sus acciones. Llega incluso a pensarse que un país está en una mejor o peor situación general dependiendo de sus indicadores de producción e ingreso como el Producto Interno Bruto, que ha sido la forma tradicional de evaluar la situación de un país.

No obstante, se ha demostrado que el ingreso monetario por sí solo no garantiza el bienestar de las personas. De hecho, el sistema capitalista, principal medio para la acumulación de ingresos, “lleva a una concentración masiva de recursos económicos en una minoría de empresas y propietarios” (Jones, 1996, pág. 13), lo que conlleva una desigualdad insostenible para la sociedad.

En tal sentido, si la empresa, dentro de su propuesta, introduce elementos de equidad y justicia, entenderá que solo la acumulación económica no produce mayores efectos sobre el proceso de desarrollo de un país.

En efecto, reconociendo las limitaciones del PIB como indicador de bienestar, el PNUD propone el Índice de Desarrollo Humano “para medir el desarrollo humano de un territorio” (PNUD, s.f. b), y, más allá, el IDH ajustado por desigualdad que mide esta última variable al interior de una sociedad. A continuación, se presenta la propuesta del Desarrollo Humano como alternativa viable y criterio para la toma de decisiones en responsabilidad social empresarial.

Desarrollo Humano:

Según la definición del PNUD:

“El desarrollo humano es el proceso de ampliación de las opciones de las personas. Para ampliar las opciones de las personas, es necesario expandir las capacidades y funciones humanas. En todos los niveles de desarrollo, las tres capacidades esenciales para el desarrollo humano son disfrutar de una vida larga y saludable, tener acceso a la educación y tener un nivel de vida digno. Si no se obtienen estas capacidades fundamentales, la variedad de opciones disponibles se limita considerablemente, y muchas oportunidades en la vida permanecen inaccesibles. Sin embargo, el dominio del desarrollo humano es mayor: las oportunidades esenciales que las personas valoran en gran medida van desde las oportunidades políticas, económicas y sociales de ser creativos y productivos hasta el goce del respeto propio, el empoderamiento y el sentido de pertenencia a una comunidad. El concepto de desarrollo humano es holístico y sitúa a las personas en el centro de todos los aspectos del proceso de desarrollo. […] (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, s.f.)”

Esta definición es, en efecto, una versión holística del desarrollo, que tiene en cuenta una diversidad de dimensiones que le permitirán a una organización realizar una estrategia coherente tanto con sus propios intereses como con los intereses de la sociedad en general.

Si una empresa decide que su estrategia de RSE no sólo buscará fortalecer su reputación, sino que además, por ejemplo, tendrá como objetivo ampliar las libertades y capacidades de sus grupos de interés, estará contribuyendo activamente al desarrollo humano del país en el que opera. Según Porter y Kramer, en el centro de cualquier estrategia, hay una propuesta única de valor: “un conjunto de necesidades que una empresa puede satisfacer para los clientes que ha escogido y que otros no pueden satisfacer. La RSC más estratégica ocurre cuando una empresa añade una dimensión social a su propuesta de valor, convirtiendo el impacto social en una parte integral de la estrategia” (Porter & Kramer, 2006, pág. 12)

Se entiende, entonces, que las acciones emprendidas por la empresa en términos de educación, salud y mejoramiento del nivel de vida pueden enmarcarse dentro de esta definición de desarrollo, respondiendo a una estrategia corporativa que realice un aporte efectivo en dicho proceso.

Conclusión

La empresa privada puede aportar efectivamente al desarrollo de un país, incluso bajo una lógica capitalista, siempre que se incluyan criterios éticos dentro de su operación.

La forma como mejor se puede realizar dicho aporte, es mediante la definición de una propuesta de desarrollo a la cual se quiere apuntar con las acciones en el marco de la estrategia de responsabilidad social empresarial.

Se ha sugerido en el presente ensayo que, tras cumplir con todos los requisitos legales, el enfoque más holístico que se encuentra hasta el momento es el del Desarrollo Humano que comprende las dimensiones más importantes para el bienestar de la sociedad.

Bibliografía

Banco Interamericano de Desarrollo. (Jun de 29 de 2004). La empresa privada como agente del desarrollo. Recuperado el 25 de 02 de 2013, de Banco Interamericano de Desarrollo: http://www.iadb.org/es/noticias/articulos/2004-06-29/la-empresa-privada-como-agente-del-desarrollo,2101.html

Carroll, A. B. (1991). The Pyramid of Corporate Social Responsibiiity: Toward the Morai Management of Organizational Stakeholders. Business Horizons, 39-48.

Friedman, M. (13 de Septiembre de 1970). The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits. New York Times.

González, A. (26 de Agosto de 2011). ¿Cómo solucionar la “inflación legislativa”? El Nuevo Siglo.

Jones, M. T. (1996). Missing the forest for the trees: a critique of the social responsibility concept and discourse. Business & Society, 35(1), 7-41.

Olcese Santonja, A., Rodríguez-Badal, M. Á., & Alfaro de la Torre, J. (2008). Manual de la Empresa Responsable y Sostenible. Conceptos y herramientas de la Responsabilidad Social Corporativa o de la Empresa. España: Mc Graw Hill.

PNUD. (s.f. b). El Índice de Desarrollo Humano. Recuperado el 25 de 02 de 2013, de PNUD: http://www.pnud.org.co/sitio.shtml?apc=–1–&s=a&m=a&e=B&c=02008

Porter, M., & Kramer, M. (2006). Strategy and Society: the link between competitive advantage and corporate social responsibility. Harvard Business Review, 1-15.

Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. (s.f.). ¿Qué es el Desarrollo Humano? Recuperado el 25 de 02 de 2013, de PNUD: http://www.pnud.org.co/sitio.shtml?apc=i—-&s=a&m=a&e=A&c=02008

Sen, A. (2000). Desarrollo y Libertad. Bogotá: Planeta.

Uribe, M. (Enero-Junio de 2012). La aversión del bloque en el poder al contrato fiscal en Colombia. Revista Co-herencia, 9(16), 247-271.

 

 


[1] Mauricio Uribe habla además de la imposibilidad de buscar un fortalecimiento del Estado dados los intereses de algunas fracciones de la élite colombiana que están en contra de la redistribución y, en consecuencia, de un contrato fiscal sólido. (Uribe, 2012)

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